Línea de investigación: Gestión
del Riesgo
Descripción: La Carrera de
Ingeniería Industrial incluyó como línea de investigación la GR para sus
procesos académicos.
Contacto: Maribel Jiménez,
encargada de la carrera, mjimenez@uned.ac.cr
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Nombre de la línea de investigación:
Gestión del Riesgo
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Instancia(s) proponente(s):
Carrera de Ingeniería Industrial
Escuela de Ciencias Exactas y Naturales (ECEN)
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Miembros del Consejo de Línea:
Directora de Carrera de Ingeniería Industrial
Directores de cátedra
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Propósito general:
Examinar, analizar y actualizar los conceptos
básicos, estrategias, enfoques y metodologías de la gestión del riesgo
enfocada a las organizaciones.
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Objetivo(s) específico(s):
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Justificación teórica-conceptual:
La Gestión del
Riesgo (GRD), de acuerdo con la definición construida en el marco de la
Subcomisión de GRD de CONARE (2010) indica que se trata de acciones, medidas,
actividades, tareas, objetivos definidos institucionalmente o en el ámbito
organizacional, dirigidos a la prevención en desastres o disminución del
impacto de los eventos. En el enfoque sistémico se concibe como un sistema
conformado por medidas y acciones de prevención y mitigación que provoquen la
reducción de la vulnerabilidad y la disminución de la exposición a las
amenazas, lo que implica una mejora en la resiliencia.
El riesgo de
define como la probabilidad de ocurrencia de un evento. Se caracteriza
por latente, está ahí puede o no
ocurrir. El desastre implica el resultado de la no gestión del riesgo que
culmina en eventos con consecuencias como pérdidas humanas, materiales y
financieras.
Otro concepto
relacionado es del de la resiliencia, la que se refiere a la capacidad de las
personas y comunidades para reponerse y superar situaciones y eventos
críticos o traumáticos, propios de desarrollo y la cotidianidad o bien
ocasionadas por factores externos no controlados. Implica mejorar la
capacidad para cambiar y adaptarse con fin de mantener sus dimensiones y
estructura.
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En la gestión
del riesgo la resiliencia se potencia al:
Por lo tanto,
demanda capacidad de análisis de la dinámica organizacional, comunal o
incluso la familiar para ir a lo más elemental.
Nuestro país
cuenta con una considerable propensión a la ocurrencia de eventos naturales tales
como huracanes, erupciones volcánicas, sismos, deslizamientos e inundaciones;
exacerbados en muchos casos por acciones humanas y por las variantes
condiciones del clima que enfrentamos. La materialización de estos riesgos,
limitan el desarrollo del país e impiden y retrasan el logro de las metas de
bienestar social que han sido trazadas por los distintos gobiernos.
El Riesgo es el
resultado de la conjugación de la Amenaza y la Vulnerabilidad. Según Cardona
(2003), “conjugación” es un concepto matemático que se refiere a la concomitancia
y mutuo condicionamiento de los factores amenaza y vulnerabilidad.
En Costa Rica,
según Rosales y Salazar (2010), a partir de las experiencias extremas como el
Terremoto de Cinchona (2009), “se debe aprender que es necesario estar
siempre preparados y que hay que reducir la vulnerabilidad donde no es
posible eliminar o controlar la amenaza”.
En gestión del
riesgo, se puede decir que el país tiene una norma básica en la Ley Nacional
de Emergencias y Prevención del Riego (Ley 8488), la cual plantea la
conformación de un Sistema Nacional de Gestión de Riesgo y la elaboración de
un Plan Nacional de Gestión de Riesgo como instrumento para establecer el
curso de acción nacional en éste tema.
La GRD es un
tema que ha sido poco prioritario en el currículo de las universidades, aun
cuando las exigencias de la realidad han hecho tomar conciencia, sobre todo
en estas instituciones de educación superior. Este proceso de incorporar la
GRD en la vida nacional, nace de una intencionalidad que refleja una dimensión
de la ciudadanía, donde lo difícil es incorporarlo a la normativa y a la
práctica.
El conocimiento
acumulado en este tema es suficiente para caracterizar los riesgos de
desastres. El gran reto de los países es definir sus modelos de desarrollo en
donde los cambios se dan con gran velocidad, dejando atrás modelos que no han
soportado los cambios que suceden en el mundo. En este sentido, a las
universidades se les reclama el tener que proponer o plantear aspectos frente
a la problemática de los nuevos escenarios de gestión de los países. En este
modelo de desarrollo hay temas que son ineludibles, por ejemplo la GRD
asociada al cambio climático. Frente a esto, la pregunta es que al existir
variabilidad natural y la producida por el ser humano, aunque hay más
conciencia en la actualidad, más bien se ha dado un fenómeno de aumento en el
impacto en lugar de reducirse. Este tema está acreditado con gran cantidad de
información, lo que lleva a plantearse el reto de llevar adelante la
inclusión del tema en los procesos de acreditación de programas académicos.
Todo esto
tendría sentido solamente si se vuelve intencional al proceso educativo, lo
que implica que así lograría impactar en la conducta de los ciudadanos. Esto
propone una renovación ética, conceptual y metodológica de las universidades,
que la GRD sea reconocida como un tema legítimo, actual y conceptualizado a
la realidad y que debe convertirse en una prioridad explícita.
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Se parte de la
idea de que ha habido iniciativas que deben intensificarse con el fin de
legitimar el tema, sobre todo en las universidades es importante documentar y
sistematizar las acciones realizadas.
Las necesidades
de la inclusión curricular de la GRD en la formación universitaria, parte de
la vulnerabilidad a la que están expuestos nuestros países, además de
referentes internacionales que deben contextualizarse en nuestra región.
La
tranversalización de la GRD es una herramienta para mejorar la calidad y
pertinencia de los planes de estudio tomando como elemento articulador el
perfil de egreso del estudiante y reconocer el contexto histórico, social y
geográfico como referente del aprendizaje. El proceso incluye el orientar el
proceso formativo por competencias y un abordaje amistoso.
En los últimos veinticinco años el tema de los desastres ha sido
relevante, pudiéndose identificarse cambios de enfoque trascendentales, los
cuales han servido de base para el establecimiento de pautas para el abordaje
teórico y práctico.
Quizás el hecho ilustrador más importante al respecto, sea la
constatación de que los desastres afectan a las personas en las dimensiones
material y espiritual. Es decir, el
cabal conocimiento de las situaciones de desastre, supone no solo la
comprensión de la dinámica física de los entornos en que los seres humanos
realizan sus actividades cotidianas, sino también de los aspectos sociales y
psicológicos que dan sentido y orientan las acciones de esos mismos seres
agrupados en poblaciones.
En efecto, de manera particular en la determinación de los
riesgos, vulnerabilidades y amenazas, la interacción de los aspectos sociales
y naturales son de especial importancia: un sinnúmero de factores (naturales
y sociales) interactúan y, en dependencia de su naturaleza, magnitud y complejidad,
solo pueden comprenderse por la profundidad y alcance de los impactos
producidos en el medio ambiente y la sociedad.
Si hacemos válida la premisa de que la noción de riesgo se
refiere en último término a un contexto caracterizado por la probabilidad de
ocurrencia de pérdidas y daños, y de que éstas incluyen desde las físicas
hasta las psicosociales y culturales, no sería aventurado reafirmar que el
riesgo constituye una posibilidad y una probabilidad de daños relacionados
con la existencia de determinadas condiciones en la sociedad. Desde esta perspectiva, el riesgo -y en
consecuencia la amenaza y vulnerabilidad- sería en efecto, una condición
latente que insinúa la posibilidad de pérdidas en el futuro (Lavell, s.f).
En tal sentido, la consideración de algunas variables
geofísicas, sociales y económicas, son suficientes para establecer que Costa
Rica es un país sometido a múltiples amenazas, derivadas no solo de su
posición latitudinal en la zona de convergencia intertropical, lo mismo que
la ubicación en el istmo centroamericano, en donde entran en contacto además
las placas tectónicas Coco y Caribe; sino por mostrar en la actualidad un
entorno social, económico y político impredecible, debido a los procesos de
concentración de riqueza y polarización social acelerados por el estilo de
desarrollo predominante en los últimos veinticinco años, cuyo efecto en
algunos casos, es insospechado.
En
este contexto, las diferentes interacciones entre las comunidades humanas y
el ambiente natural, se han tornado en algunos casos insostenibles, notándose
un deterioro acelerado de los recursos naturales y las condiciones de vida de
la población.
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La
afirmación anterior adquiere sentido si se toma en cuenta que las relaciones
establecidas entre los seres humanos y el medio ambiente, suponen ritmos y
dinámicas predominantemente asimétricas.
Por esta razón, la relación no solo puede ser armónica y constructiva,
sino también destructiva, convirtiéndose de esta forma en condición propicia
para el surgimiento de situaciones de desastre.
Por
lo mismo “… hay que considerar que en muchas de las catástrofes naturales
influyen de forma decisiva factores humanos y de toma de decisiones, además
de la vulnerabilidad económica y política” (Martín, 2000: 16).
Si se mira con cuidado, desde la
perspectiva anterior los agentes y seres humanos involucrados
en los desastres, no son simples víctimas.
Al contrario, son actores activos en el surgimiento de las condiciones
de riesgo y vulnerabilidad, con la facultad de invertir los procesos que
determinan las mismas condiciones y por tanto, portadores de la capacidad de
realizar las acciones tendientes a la reducción o eliminación de los mismos
riesgos. En otras palabras, la
explicación de cómo determinamos a través de nuestras acciones las
condiciones de riesgo, es la misma que nos puede aclarar los actos pensados
para la reducción de las mismas.
A
pesar de la última afirmación, es prudente reconocer que esa capacidad
aludida, es una potencialidad no siempre desarrollada por los grupos
humanos. Si se quiere, es una variable
dependiente de una serie de condiciones, la cual infaliblemente depende de
las características del entorno de los individuos y actores sociales.
Es indudable que en el fondo de la argumentación anterior, está
implicada una visión sistémica, la cual alude a un conjunto de factores que
intervienen en los procesos de construcción y cambio social.
En el caso de Costa Rica y en particular en las universidades
públicas, es posible enumerar una serie de esfuerzos académicos realizados en
el tema de los desastres y la Gestión del Riesgo. A manera de ilustración y a partir de una
revisión de la bibliografía que da cuenta de la situación de los desastres en
nuestro país, en los textos de Sáenz y Salas (s.f.), Paniagua y Cruz (2002), Alvarado
y Gómez (2002), González y Lizano
(2001) y Escalante, Hilje, Leiva y Rivas (2006), se hace un intento por
resaltar la necesidad de focalizar la atención desde la perspectiva de la
Gestión del Riesgo.
No obstante, lo que predomina hasta el presente, es un conjunto
de estudios que explican y detallan con rigurosidad, distintos aspectos
asociados con los desastres, pero lastimosamente sin lograr explicaciones
amplias y convincentes que consideren los aspectos sociales, psicológicos y
físico - naturales que intervienen en la determinación de las situaciones
estudiadas.
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Antecedentes institucionales:
En la Sesión 1743-2005 Art. IV, inciso 3) de fecha
21 de enero de 2005, el Consejo Universitario acuerda en firme lo siguiente: Nombrar
una Comisión, con el fin de que, en la próxima sesión, presenten una
propuesta de acuerdo al respecto (GRD). Luego, en la sesión No. 1745-2005,
Art. IV, inciso 1), de fecha 4 de febrero, 2005, el Consejo Universitario
conoce propuesta, en relación con la prevención de desastres naturales en
Costa Rica, de conformidad con lo solicitado en sesión 1743-2005, Art. IV,
inciso 3). Al respecto toma el siguiente acuerdo:
CONSIDERANDO QUE: 1) Costa Rica es un país que por
su localización geográfica está asociado geológicamente a todo el sector de
subducción de placas tectónicas y por ende al Cinturón de Fuego del Pacífico.
Y climatológicamente a la zona intertropical.
2) Las condiciones geológicas exponen al país, en
el primer caso, a fenómenos naturales de origen tectónico, como el vulcanismo
y la sismicidad; y en relación con el clima, a temporales e inundaciones,
tormentas de diferentes tipos y como una combinación de ambos a importantes
movimientos de remoción en masa como deslizamientos y derrumbes a gran
escala.
3) Lo anterior se agrava por un proceso de
colonización, que ha significado un pésimo uso de la tierra. Las
universidades públicas han creado una gran cantidad de conocimiento al
respecto a través de Programas, proyectos e investigaciones.
4) En las universidades públicas se han realizado
estudios con recomendaciones encaminadas a la prevención y amortiguamiento de
los efectos de los desastres naturales, desde la perspectiva de diferentes disciplinas
(geología, geografía, ingeniería y otras).
5) Es nuestra responsabilidad contribuir al
desarrollo nacional en todos sus aspectos. El país no está planificado, por
medio de la regionalización, entendida esta como una metodología de
desarrollo coherente integral y articulada.
6) Las características anteriores exponen al país
constantemente a estos eventos. El décimo informe del Estado de la Nación
indica que en las medidas nacionales encaminadas a la prevención “los logros
no alcanzan para que Costa Rica se acerque con mayor celeridad a la
aspiración de minimizar el impacto de los desastres causados por fenómenos de
origen natural, por medio de la capacidad de prevención, el manejo y la
mitigación.”
SE ACUERDA: 1) Recomendar que las universidades públicas
coadyuven para mantener informada a la población de los planes y
recomendaciones que existen, para que su conocimiento generalizado pueda
influir en las decisiones que se toman con respecto a la construcción de
infraestructura, en el manejo del ambiente, y en otras áreas relacionadas con
amortiguamiento y prevención.
2) Solicitar que por medio del CONARE y con la
participación de las dependencias relacionadas con el tema, las cuatro
universidades estatales públicas diseñen un Plan Estratégico sobre la
prevención de desastres naturales por regiones, aprovechando la experiencia
acumulada y las fortalezas de cada Institución.
3) Sugerir que esta comisión puede estar
coordinada por la universidad que en su momento este coordinando el CONARE.
4) Comunicar a los Consejos Universitarios de las
otras universidades públicas para que expresen su criterio al respecto, le
brinden su apoyo y fortalezcan el Proyecto. ACUERDO FIRME
La Subcomisión de Gestión del Riesgo por Desastres
de CONARE, coordinada actualmente por la UNED, se creó por acuerdo del
primero de marzo del 2005, cuando se acogió el acuerdo del Consejo
Universitario de la UNED, citado en el considerando anterior, el cual fue
avalado por los restantes Consejos Universitarios de las universidades públicas,
para integrar una comisión interuniversitaria que oriente la prevención de
desastres en la población costarricense, de acuerdo con las posibilidades de
estas instituciones en ese campo.
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El acuerdo tomado por el Consejo Universitario de
la UNED en la sesión No. 1745-2005, Art. IV, inciso 1), de fecha 4 de
febrero, 2005, respondía a la preocupación de varios miembros del Consejo
Universitario, en el sentido de que el tema de Gestión del Riesgo por
Desastres no estaba siendo abordada desde el punto de vista de las
universidades públicas en conjunto, lo que provocaba que se estuvieran
haciendo esfuerzos aislados y que muchas veces resultaban en una duplicación
de esfuerzos.
Actualmente, las personas designadas por las
respectivas universidades públicas como parte de la comisión de CONARE,
acordaron proponer acciones dimensionadas con la participación de las
instituciones de educación superior, con el propósito de identificar
propuestas específicas para las instancias universitarias que se involucren
en la realización de los propósitos de atención y prevención esperados de
parte de las instituciones de educación superior estatales.
Dentro de los objetivos de esta comisión de
CONARE, definidos en la propuesta de creación en el 2005, se encuentran los
siguientes:
1) Aprovechar el conocimiento generado en las
universidades en relación con investigaciones geográficas, geológicas, de
desarrollo ambiental, ingenierías, biológicas, sociales y otras que contengan
recomendaciones de carácter preventivo que deban ser conocidas y aplicadas
por quienes resulten afectados en caso de no acatarse dichas recomendaciones.
2) Contribuir en la definición de políticas y toma
de decisiones de las entidades públicas y privadas en la prevención de
desastres.
3) Dar a conocer estas investigaciones a manera de
contribución en las diferentes regiones del país y propuestas como posibles
soluciones a potenciales desastres y daños ya sean naturales o antrópicos.
4) Propiciar la capacitación general para que las
mismas comunidades sean capaces de aplicar el conocimiento adquirido.
5) Fortalecer los programas de prevención de
riesgos en las universidades públicas de Costa Rica.
6) Contribuir desde el sistema universitario al
fortalecimiento de una cultura de prevención en el país.
Posteriormente, en el año 2009, la Subcomisión
desarrolló su Plan Estratégico en donde, en su Marco Estratégico se define
como la instancia que promueve y articula la Gestión Integral del Riesgo,
desde el ámbito universitario, enlazando los esfuerzos y recursos que la
educación superior dispone para el análisis y la reducción del riesgo, el
manejo del evento adverso y la recuperación; facilitando la transferencia de
conocimientos a la sociedad, articulando con los diferentes sectores,
organismos e instituciones nacionales e internacionales.
En una primera etapa de trabajo (2008-2011), la
subcomisión de CONARE coordinó y articuló entre las cuatro universidades
diferentes proyectos específicos, desarrollados en conjunto por las cuatro
instituciones, los cuales han tenido una amplia cobertura, por ejemplo:
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En los últimos años, la Subcomisión de CONARE ha
realizado un giro importante, dejando de lado los proyectos y asumiendo un
papel rector más de coordinación entre las universidades. Dentro de las
acciones realizadas pueden mencionarse:
Los acuerdos propuestos por los representantes de
la Universidad Estatal a Distancia (UNED) en el taller realizado en el hotel
Cibeles en Heredia organizado por la Comisión Nacional de Emergencias (CNE)
realizado en la Universidad Nacional (UNA), fueron los siguientes:
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En lo que respecta a los Programas de Gestión del
Riesgo en las Universidades Públicas, la UNED aún no cuenta con una política
al respecto sobre Gestión del Riesgo por Desastres (GRD); solo existe un
acuerdo tomado por el Consejo de Rectoría, en sesión No. 1465-2006, Art. III,
inciso 2) celebrada el 30 de octubre del 2006, en el cual conforma un Comité
de Emergencias cuyo objetivo es proponer y ejecutar las políticas en materia
de seguridad para la UNED, tanto preventivas como correctivas.
La Universidad Estatal a Distancia por la
infraestructura que tiene a lo largo y ancho del país, esta urgida de una
política y una estrategia institucional relativa a la Gestión del Riesgo por
Desastres (GRD), con la finalidad de fortalecer una cultura institucional en
tema de GRD.
Debido a lo anterior, el Consejo Universitario ,
durante el año 2013 aprobó lo siguiente:
Solicitar a la administración conformar un equipo
de trabajo que asuma la Gestión del Riesgo por Desastres (GRD) en la UNED,
integrada con funcionarios (as) que no sean jefes, directores o
vicerrectores, de las siguientes dependencias: Vicerrectoría Académica,
PROVAGARI, Salud Ocupacional, Servicio Médico, Oficina de Mercadeo y
Comunicación, Vicerrectoría Ejecutiva, Seguridad y Servicios Generales en lo
que respecta a la gestión de espacios físicos e infraestructura (Unidad de
Proyectos) y las que considere pertinentes, en particular, representantes de
los centros universitarios.
Este equipo deberá asumir las siguientes tareas
prioritarias:
a) Proponer al Consejo Universitario para su
conocimiento y aprobación, una política de Gestión del Riesgo por Desastres
para la Universidad.
b) Iniciar la coordinación de tareas específica,
entre otras, la valoración de la infraestructura incluyendo Centros
Universitarios, Planes de Emergencia, Capacitación en GRD.
c) Compartir o socializar entre el personal de la
Universidad, experiencias de otras comisiones de las universidades públicas e
incluso de otras instituciones, así como los planes de contingencia y de
continuación de las actividades sustantivas del quehacer universitario, ante
eventuales eventos de desastres naturales.
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Líneas
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Áreas temáticas de estudio en la línea de investigación:
Los propósitos y objetivos detallados en la
sección anterior, en conjunto con los otros antecedentes descritos, requieren
que la investigación en Gestión del Riesgo abarque al menos las siguientes
áreas temáticas:
·
Gestión del
Riesgo enfocada a los procesos académicos y de gestión de la universidad.
·
Experiencias de
organizaciones en gestión del Riesgo.
·
Incorporación de
la Gestión del Riesgo en la currícula de la carrera.
·
Sistemas y
Modelos de Gestión del Riesgo aplicables a organizaciones.
·
Tendencias innovadoras
en Gestión del Riesgo en organizaciones.
·
Gestión del
Riesgo en el marco del Control Interno de las organizaciones.
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Áreas de vinculación a otras líneas de investigación
Para complementar y orientar la aplicación de los
conocimientos derivados de otras áreas temáticas, la Carrera debe abarcar la
exploración e interpretación de los contextos asociados a la Gestión del
Riesgo con el fin de aplicarlos en temas como calidad, logística,
productividad, etc.
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Áreas de aplicación
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Orientación investigativa
La investigación que se realizará por esta línea
de investigación será tanto teórica como aplicada. Sus proyectos pueden abarcar los siguientes
componentes:
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Productos esperados
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Referencias
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